La historia de la donación de órganos y tejidos para trasplante, como la de la medicina, es la lucha constante por salvar la vida del enfermo o lograr prolongársela en condiciones muy parecidas a las normales. Su práctica se inicia con leyendas mitológicas que proyectaban la preocupación de las sociedades antiguas por sustituir porciones enfermas del cuerpo por sanas con el fin de salvar o prolongar la vida. Podemos citar la leyenda del trasplante de cabeza que le realizó el dios Shiva a su hijo Ganesh, luego de que por equivocación le cortara la cabeza. La historia nos trae la leyenda de San Peters, que reimplantó las mamas de la joven Agatha, mutilada por un cónsul romano cuyas solicitudes sexuales no le fueron complacidas. También se recoge el relato del siglo XIII, descrito por Jacobus de Voragine, arzobispo de Génova, que relata el trasplante realizado por San Comas y San Damián a un devoto que padecía de gangrena en su miembro inferior, el cual fue sustituido por el de un etíope que había muerto recientemente en combate entre gladiadores. Esta intensa lucha del hombre contra la enfermedad y la muerte fue armándose científicamente en el siglo XVIII con las investigaciones de Dyhamel du Monceau, quien investigó con animales y plantas, y acuñó el término “injerto animal” en 1746. John Hunter confirmó estos experimentos y realizó implantes de dientes de cadáveres a humanos.
El cirujano suizo Jacques L. Reverdin (1842-1928) trabajó con implantes exitosos de piel en animales y humanos. Pero la observación de lograr injertos propios viables y no así entre las mismas especies, llevó a considerar la incompatibilidad biológica. El microbiólogo ucraniano Iliá Méchnikov (1845-1916), premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1908, describió los mecanismos de la fagocitosis, la formación de anticuerpos y la destrucción del tejido extraño en los injertos. Sus discípulos, a principio del siglo XX, desarrollaron la teoría de la inmunología del trasplante. En esa misma época, Mathew-Jaboulay y Alexis Carrel introdujeron técnicas en cirugía vascular imprescindibles para el avance del trasplante de órganos. En 1902, Emerich Alman y Alexis Carrel realizan el primer trasplante renal en perros, y, en 1933, el ruso Voronoy efectuó el primer trasplante renal en humanos al colocar el implante en la cara interna del muslo del receptor. Hubo muchos intentos de trasplantes renales con cadáveres, como los de David Hume y Hufnagel. En el año 1954, en Boston, Murray y colaboradores realizan el primer trasplante renal entre gemelos homocigóticos, que supuso un éxito definitivo y el buen funcionamiento del riñón trasplantado de larga duración, y confirmó que órganos trasplantados entre individuos idénticos no eran rechazados.
En 1956 se vio claro que no era posible ningún nuevo trasplante renal sin disminuir o anular la reactividad natural frente a los antígenos de histocompatibilidad. En estas fechas, Bellingham y Brent Mediar publicaron su primer trabajo sobre inducción de un estado de falta de respuesta específica a los antígenos. Definieron la tolerancia como “la disminución o supresión específica de la reactividad inmunológica”, causada por la exposición a los antígenos del donante, antes de la maduración de su sistema inmunitario.
En el Hospital Peter Ben Brigham de Boston se realizaron, en cuatro años, doce trasplantes renales preparando a los receptores con irradiación total con inyección simultánea de células de la médula ósea del donante o sin ella. Solo sobrevivió uno, un gemelo no idéntico, a quien se le efectuó un trasplante en enero de 1959. Era evidente que debía conseguirse otro método de inmunosupresión menos agresivo. El mismo año, Schwartz y colaboradores describieron la posibilidad de conseguir un estado de tolerancia específica a una proteína en conejos que habían sido tratados con 6-mercaptopurina. Se había entrado en la era de la inmunosupresión farmacológica.
En septiembre de 1960, se describe el primer caso de halotrasplante renal, que consiguió superar un rechazo agudo mediante la administración de dosis masivas de prednisona.
En 1961 se inició el uso de azatioprina, pero la falta de experiencia en su manejo llevó al empleo de dosis muy altas, lo que produjo el fallecimiento de los dos pacientes tratados.
En 1962 se realizó el primer trasplante con éxito en el mundo con riñón de cadáver. En los dos años siguientes se trasplantaron pacientes con donantes familiares, empleando azatioprina como inmunosupresor de base y tratando las crisis de rechazo con prednisona a altas dosis.
En marzo de 1963, Thomas Starzl realizó el primer trasplante hepático (en Denver, Colorado). En 1967, en ciudad del Cabo, Sudáfrica, Cristian Barnard efectuó el primer trasplante cardíaco. En 1976, J. F. Borel descubrió la actividad inmunosupresora de ciclosporina A, la cual fue aprobada en 1985 e inició la era de los anticalcineurínicos, imprescindibles para la inmunosupresión exitosa, lo que permitió aumentar significativamente la sobrevida del injerto y de los pacientes trasplantados.
En 1980, en España, se fundó la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), pero no fue hasta 1989 que esta institución logró disponer de una infraestructura física y un personal adecuado para coordinar las actividades relativas a la donación y los trasplantes de órganos, tejidos y progenitores hematopoyéticos en todo el territorio español. Con la renovación de esta estructura se fue definiendo el trabajo sostenido y sistemático de un grupo de profesionales de la salud que, con tesón y vocación de servicio hacia esta disciplina, lograron ofertar soluciones prácticas y creativas en respuesta a una sociedad española que cada día demandaba más atención en la lucha por la vida de los pacientes que padecen de enfermedad orgánica terminal. Su dinámica de trabajo ha generado una gran credibilidad profesional y proyección de eficiencia, eficacia, solidaridad y equidad hacia los medios de comunicación, los profesionales de la salud y la sociedad española en general.